“La sustentabilidad es cuestión de responsabilidad y de ética”. Juan Felipe Cadavid

Fotografías: Camilo Giraldo

En lo que va corrido del siglo XXI el término “sustentabilidad” se ha fijado en el contexto de los proyectistas en medio de un sistema de desarrollo basado en el consumo. La evolución de la sociedad y con ésta sus exigencias, ha dado como resultado productos inmobiliarios que muy poco o nada se preocupan por proteger el equilibrio del sistema natural.

Aunque los problemas ambientales del mundo no podrían ser resueltos solo por la arquitectura, sin duda el buen diseño puede contribuir a generar un hábitat para el hombre más sostenible. El portugués y Premio Pritzker 2011: Eduardo Soto de Moura afirma que “La arquitectura para ser buena lleva implícito ser sostenible” y con esto concuerda el arquitecto colombiano Juan Felipe Cadavid quien además considera que “La sustentabilidad es cuestión de responsabilidad y de ética, por ende no puede considerarse una moda algo que siempre debería estar presente en un diseño”.

Juan Felipe Cadavid es egresado de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y en 1994 funda su despacho: Cadavid Arquitectos, el cual concentra su obra en la ciudad de Cali, principalmente. Como rasgos esenciales de su arquitectura se destacan su profunda comprensión por el entorno; la evolución de la ciudad y la revitalización de zonas degradadas; la creatividad y la funcionalidad del objeto arquitectónico; y su arraigo hacia la identidad nacional la cual salvaguarda en cada uno de sus programas.

“A mi la arquitectura colombiana me parece que es una de las más autónomas de Latinoamérica porque fue muy independiente a muchos movimientos… Es una arquitectura seria, bien definida. Por su parte, Colombia no tiene pocos grupos de arquitectos importantes, en el país tenemos tal vez la generación más cohesionada y solida de profesionales jóvenes y veteranos que pueda haber en la región”, añade.

Retomando el discurso sobre la sustentabilidad, también anota que contrarrestar los efectos de la construcción sobre el medio ambiente no es la única necesidad o el fin exclusivo del tema; se hace además necesario idear y ofrecer espacios saludables, que sean factibles económicamente y sensibles a las necesidades sociales. Una representación de estas características es el proyecto SUTEV el cual en palabras de este arquitecto “Posee un concepto muy fuerte ya que simboliza no sólo solo a un cliente sino a 14 mil maestros quienes conforman el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Valle del Cauca”.

El edificio transmite una imagen que personifica a cada uno de los miembros del sindicato a través de un sistema de líneas en la fachada logrado con perfiles metálicos y una manifestación directa hacia la fuerza de la clase trabajadora por medio de una lámina metálica desnuda. El cubo envuelto en esta piel, simboliza la unidad de la agremiación, y su brillo, el cual es cambiante con el ciclo solar diario se asocia al quehacer del educador: los saberes, la formación, la consejería.

La expresión es la del concreto, la de la madera, la del metal en unos términos muy industriales como si fuera una pequeña fábrica. Los espacios denotan una escala monumental y la presencia de un vacío interior de cinco alturas permite bañar poderosamente de luz natural al edificio y dejar a la vista todos los niveles de la estructura. Sus revestimientos lo protegen de la radiación y crean un filtro bioclimático.

Con la Casa Almendro, otro de sus recientes trabajos, el arquitecto demuestra que hacer una vivienda bioclimática no es cuestión de altos presupuestos. El inmueble se ubica en el barrio Santa Rita de forma paralela al río Cali -el cual aún conserva su naturaleza boscosa-. La entrada a la residencia está acompañada de un almendro que proporciona sombra a su exterior en un 90% y un pasillo ajardinado se ha establecido como preámbulo a la circulación de la casa.

En palabras de su equipo, las plantas libres están conectadas verticalmente por medio de tres vacíos al centro del predio perpendiculares entre sí, permitiendo el paso de iluminación y ventilación natural, extrayendo desde la cubierta el aire caliente por medio de una marquesina compuesta de quiebra-soles y vidrio templado, dilatado de los muros áticos. Esta cumple la función de desalojar el aire más liviano y filtrar la luz directa.

Desde el segundo nivel el volumen de la casa está conformado por un cubo de concreto a la vista perforado en sus dos caras, permitiendo el paso de la brisa que desciende en las tardes de la montaña en sentido occidente – oriente. El orificio occidental se abre completamente a la montaña, acompañado de un gran alero y vegetación que protegen los espacios sociales de la radiación solar directa y el lado opuesto del cubo se llena con una persiana en metal oxidado que vincula  la casa con el almendro. Detrás de la malla se creó un jardín que ayuda a que la casa mantenga el confort térmico y permite la visibilidad interior y exterior, pero con seguridad.

“Cuesta lo mismo hacer una casa de una manera incorrecta que de una manera correcta. Se pueden hacer grandes esfuerzos para enchapar, para revestir una vivienda o se pueden hacer grandes esfuerzos arquitectónicos para que la casa esté más desnuda, más nítida, más transparente. Me parece que de la propuesta de diseño surge que el presupuesto se le direccione a unas condiciones medioambientales y sostenibles adecuadas o que se utilice el mismo dinero con algo simplemente estético y más subjetivo que no necesariamente tenga que ver con el resultado sostenible”, asegura Juan Felipe Cadavid.

SUTEV – Proyecto arquitectónico: Juan Felipe Cadavid, Carlos Andrés García, Eduardo Mejía.
Casa Almendro – Proyecto arquitectónico: Juan Felipe Cadavid, Juan Pablo Parra, Mauricio Montoya

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