Una apuesta por armonizar la “huella” de la arquitectura

Las nuevas construcciones no son la única fórmula para lograr una edificación segura. El sentido social de la arquitectura y la sensibilización por el manejo de los recursos naturales, ha suscitado la búsqueda de nuevas estrategias de seguridad y sostenibilidad, o retomar algunos conceptos como el “reciclaje de los edificios”, el cual ha demostrado ser coherente con la integridad física, medioambiental y estética que se busca para una propiedad.

Una obra que llegó hasta nuestros días siendo reutilizada para fines diversos desde 1978, es el Centro de Arbitraje y Conciliación (CAC) de la Cámara de Comercio de Bogotá, la cual precisó una mejora de todas sus instalaciones, un reforzamiento estructural y la recuperación de toda su unidad potencial por su degradación a través de los años.

Esta es una edificación de casi 5.000 m2 ubicada a la altura de la calle 76, al occidente de la carrera 11, en una manzana bastante heterogénea en cuanto a sus usos y el estado de sus construcciones. Su revitalización consistió, de acuerdo con el encargo de la CCB, en adecuarla para salas destinadas al arbitraje y resolución de conflictos, con todas las facilidades técnicas y ambientales, pudiendo ser ejemplo a nivel internacional.

RIR Arquitectos es la firma que ha diseñado la nueva vida útil de la edificación, liderada por Juan Carlos Rojas Iragorri quien nos habla de esta intervención: “Lo que hicimos con el edificio fue volver a su estructura original, quitando todos los muros y divisiones para aligerarlo lo más posible y actualizar sus rutas de evacuación. Propusimos una construcción más amable, con accesibilidad para personas discapacitadas; recuperamos los andenes y ahora el espacio público se prolonga hasta el acceso principal con buena iluminación”. Sobre esta última mejora, cita que es también un ejemplo de que se pueden hacer transformaciones positivas en el sector y por el bien común, las cuales deberían ser replicadas.

 

 

La propuesta de la fachada pretende que el edificio se “desaparezca” y más bien pueda darle protagonismo a su entorno inmediato, duplicando por sus reflejos, los árboles que lo rodean. Por tipo de actividad en el inmueble, en los interiores se buscó propiciar una atmósfera de calma y en la que sus usuarios pudieran sentirse tranquilos. Por ejemplo, en las salas de espera, esto se logró con la combinación de la luz indirecta de sus muros centrales y la translucidez de los laterales, un juego de lámparas y muebles, que si bien son austeros, le aportan color y un efecto de recogimiento. Del mismo modo, los elementos de madera, que sutilmente evocan una biblioteca, dan una sensación de calidez y recogimiento.

Los espacios de reunión son atemporales, muy neutros, adecuados para permanecer durante largas reuniones y donde no habrá ruido que interrumpa gracias al manejo acústico que fue parte integral del diseño desde sus inicios.

Para el área de las oficinas administrativas se propusieron espacios abiertos, todos iluminados naturalmente, con el fin de entregarle un entorno digno y favorable a los trabajadores, quienes además contarán con la posibilidad de salir a tomar aire fresco en las terrazas que circundan esta zona.

El nuevo Centro de Arbitraje y Conciliación no solo es sostenible por considerar el reciclaje como alternativa a la demolición, sino porque sumado a esto, aprovecha al máximo la ventilación y la luz solar contribuyendo tanto al ahorro energético, como al confort de sus usuarios.

 

“Esta obra es una lección de cómo algo que parece imposible de mejorar puede ser un gran proyecto. Lo defino como una lección de humildad en el sentido en que nosotros los arquitectos no necesitamos estar haciendo monumentos para satisfacer nuestro ego, tal vez, por el contrario, muchas veces basta con que podamos  hacer edificaciones adecuadas para las personas aprovechando lo que ya existe. Debemos ser creativos y hacer de las limitaciones, oportunidades”. Con ello finaliza el arquitecto.

 

 

 

 

 

Related Posts

“Historias coherentes bien hechas” es el sello de Plasma Nodo
Konrad Brunner diseña un edificio en el que la ciudad también educa
Viviendas modernas y sofisticadas en tiempo récord

Deja un comentario